viernes, 16 de marzo de 2012

Los inicios

Nací y me crié en un pueblecito al lado de la costa, en el norte. Yo era la típica niña que disfrutaba plenamente su vida, la que vivía sin preocupaciones ni complejos en un mundo perfectamente diseñado para ella, era feliz estando rodeada de gente que me respetaba y apreciaba tal y como era. Hasta ahora, ha habido diferentes etapas en mi vida:
La primera, la guardería, la etapa más sencilla.
Siempre me he considerado una persona solitaria, aunque en ningún momento estuviera sola. Nadie me comprendía en ese momento, mi mente estaba llena de dudas sobre el mundo de fuera, pensaba en qué se escondería tras los muros de esa cárcel en la que me habían metido mis padres. ¿Porqué me habían metido allí?, ¿podría ser algún tipo de castigo por algo mal hecho? No paraba de darle vueltas y me preguntaba qué sería lo que pensaban los demás niños, si tendrían las mismas dudas que yo, o simplemente preferían no pensar en ello.
En vista de que nadie estaba dispuesto a responder mi interminable lista de preguntas, decidí pasar mis días allí recogiendo los pequeños capullos que nacían de las hortensias azules que rodeaban el patio y, al final del recreo, los guardaba en mi "sitio secreto" que era un tobogán gris y verde, de plástico, en el cual nadie quería entrar por las numerosas arañas que había en su interior, y pensé que sin duda ese sería el sitio perfecto para esconder cualquier tesoro que quisiera conservar. Iban pasando los días y cada vez habían menos capullos, los recreos se me hacían más largos, así que decidí integrarme entre los demás niños. Conocí a Fanny, una niña muy extrovertida y agradable que podría ser una de mis futuras amistades y juntas empezamos a buscar a más gente para tener nuestro propio "grupito". En la guardería había varios tipos de grupitos, los que jugaban al fútbol, los que lloraban añorando a sus padres, los que preferían no salir al patio y el que Fanny y yo pretendíamos crear, al que se podría denominar como los exploradores. Y, mientras buscaba, encontré a un niño que vivía justamente en el piso de al lado, Javi, que aunque pasara las tardes con él, no le veía mucho en la guardería. Más adelante conocería a Pili, también vecina mía, que sería mi mejor amiga y a la que prestaría más atención; esto me distanció de Fanny, que provocó que atacara a Pili pegándole un chupa-chups en el pelo. Todavía a fecha de hoy, siguen sin cruzar palabra.

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